Es ese punto del mapa donde Europa y Asia se dan la mano. La mística Turquía es el escenario perfecto de los amores imposibles; un lugar que invita a vivir las mil y una noches. Por si te faltan razones para visitar Turquía, te ofrecemos una serie de pistas sobre lo que no puedes perderte en un viaje por esta enigmática tierra

5 motivos para estar en Turquia

1. La magia de Estambul

Es esa urbe donde todo empieza y no acaba, donde nadie pierde nunca la sonrisa. En sus calles huele a mil especias diferentes, las que colorean los puestos de sus interminables bazares.  Sobresale, entre todos, el Gran Bazar, uno de los más antiguos del mundo. Viene a ser como una pequeña ciudad dentro de otra, en la que trabajan, cada día, más de diez mil personas. Aquí es obligatorio practicar el arte del regateo, siempre acompañado de una taza de té.

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2. Porque desde las alturas, todo se ve mejor

Desde ahí arriba, nada parece igual. La mejor forma de conocer la belleza del paisaje turco es desde el aire. Cappadocia, es una fascinante formación geológica donde uno olvida que está en la Tierra y cree estar pisando la Luna. Las caprichosas formaciones rocosas de este rincón situado en la región central del país dejan sin habla. La madre naturaleza ha moldeado a su antojo el paisaje; dando lugar a un valle en el que la imaginación no encuentra límites. Tesoro mundial, sorprenden las iglesias excavadas en la misma roca en zonas como Göreme.

3. Las aguas termales en Pamukkale

Es un pedazo de cielo en la tierra. Situadas a 200 metros de altura, parecen obra de un milagro. Sus aguas, ricas en roca caliza, bicarbonato y calcio, tiñen el paisaje de blanco, otorgándole, además, una peculiar textura. Parece que estamos ante un paisaje congelado, pero nada más lejos de la realidad, ya que las aguas termales de Pamukkale brotan a una temperatura de 35º, invitando a sumergirse en ellas y alejarse del mundanal ruido.

4. ¡Éfeso! Sin palabras

¡Pero qué fachada! Aunque hoy solo queda la pared frontal de la Biblioteca de Éfeso, esta se alza imponente, robando las miradas. En su momento, albergaba unos 12.000 manuscritos en los que quedaba plasmado el saber de la época. Puro paraíso para los viajeros bibliófilos, su impresionante estructura da la bienvenida a la ciudad que mandó levantar Androclo, hijo del último rey de Atenas.

5. ¡Baila y medita como un Dervishe!

Es una forma de meditación sagrada, un camino que conduce al éxtasis.  El ritual, compuesto por siete fases, hipnotiza al espectador. Las túnicas blancas se mueven al compás de los danzarines, que giran y giran sin parar sobre sí mismos y alrededor de la pista. Este es uno de los bailes folclóricos más conocidos de la región, pero, sin duda, la noche turca aguarda aún más sorpresas para todo aquel que se atreve a descubrirlas. Y es que, ya lo decía Napoleón, si el mundo fuese un solo estado, Estambul sería su capital. Ciertamente, la ciudad pide al regreso antes, incluso, de decirle adiós.

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